

La pintura a base de harina, más comúnmente llamada pintura sueca, habría aparecido a finales de la era vikinga. Se ha utilizado durante siglos para pintar el exterior de las casas de madera suecas. Posteriormente comenzó a difundirse por toda Escandinavia y luego por Europa y América del Norte.
Los pigmentos utilizados se fabricaban a partir de las escorias procedentes de la mina de cobre de Falun. Se cocían a altas temperaturas en hornos y, según el tiempo de cocción, se obtenía un pigmento que podía ir del rojo al negro.
Fabricar pintura sueca es muy fácil. Además de ser económica, ¡es increíblemente resistente a las inclemencias del tiempo!
Esta pintura se usa principalmente para ser utilizada sobre madera. Sin embargo, también la utilizo para pintar mis murales sobre muros de hormigón y el resultado es, como mínimo, equivalente al de las pinturas para exteriores que se pueden encontrar en el comercio.

Mural realizado con pintura sueca







Para esta receta utilizaremos la visión de Superman que permite ver a través de los objetos. Será más sencillo para comprender bien los dibujos.

Este paso debe permitir crear una mezcla homogénea, evitando la formación de grumos.


Obtendrás una cola de harina.
Si se forman grumos en la preparación, fíltrela a través de un colador-tamiz para eliminarlos. Es esencial tener una textura lisa y homogénea.




El jabón negro actúa como agente dispersante, ayudando a estabilizar la mezcla y a mejorar la textura de la pintura. También facilita la aplicación y evita que los pigmentos se separen del aglutinante.

El aceite esencial de clavo posee propiedades antibacterianas y antifúngicas. Permite conservar la pintura durante algunos días antes de la aparición de moho.


Esto permite ajustar la textura para una aplicación más fácil, conservando las propiedades de la pintura. Asegúrate de añadir el agua progresivamente para evitar diluir demasiado la mezcla.




