

La nogalina es un tinte natural obtenido a partir de la envoltura verde de las nueces, en particular del nogal común. Se utiliza desde hace mucho tiempo para teñir madera, cuero y textiles, así como en pintura y caligrafía.
Artistas como Rembrandt o Pierre Soulages la han utilizado con frecuencia para realizar sus obras.
El resultado final de esta receta será (muy) ligeramente diferente del de la “nogalina” que se puede encontrar en el comercio. La razón es sencilla: la nogalina que se vende en grandes superficies y tiendas de bricolaje es en realidad extracto de Cassel, obtenido a partir del lignito, un sedimento fósil de origen orgánico. Por supuesto, es más barato de fabricar a escala industrial que la auténtica nogalina, y el resultado es casi idéntico. Por eso se vende como sustituto de esta última.












En primer lugar, separa las cáscaras de las nueces propiamente dichas con ayuda de un cuchillo, si las has recolectado enteras.
Corta las cáscaras en trozos pequeños con el cuchillo.

Coloca los trozos de cáscara en una olla o cacerola.

Cubre los trozos de cáscara con agua.

Prueba la nogalina regularmente durante la cocción.
Cuanto más se evapora el agua, más se oscurece el tono. Tú decides el color deseado ajustando el tiempo de cocción.
No esperes a que toda el agua se evapore: añade más si es necesario para evitar que la mezcla se pegue al fondo de la olla.
Puedes ir probando tu nogalina sobre un papel para comprobar si el color te convence.


Una vez finalizada la cocción, deja enfriar la mezcla a temperatura ambiente.

Vierte el líquido en un recipiente filtrándolo a través de un tamiz fino para eliminar los residuos más grandes.

Vierte la mezcla en un nuevo recipiente filtrándola por segunda vez a través de un paño limpio, para obtener un líquido perfectamente claro y sin impurezas.





